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Empire State_”King Kong” 1933

  8 mayo 2013

Al observar esta fotografía durante más de 3 segundos, corremos el riesgo de ser hipnotizados por su profundidad de campo. Una vez recuperado el sitio, queda demostrado que el Empire State no solo se integra en la ciudad, si no que la absorbe.

Director: Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack

Fotografía: Eddie Linde, Vernon L. Walker, J.O. Taylor (B&W)

Música: Max Steiner

Año: 1933

Genero: Fantástico, Aventuras.

Interpretes: Fray Wray, Robert Armstrong, Bruce Cabot, Noble Johnson, James Flavin, Sam Hardy, Frank Reicher

Productora: RKO Radio Pictures

Duración: 100 minutos

Para esta segunda entrega, he decidido dar descanso a la vivienda unifamiliar para ceder el protagonismo a la construcción en altura de la mano de un clásico del género ficción, fantástico y aventuras, y por otro lado, en 2013 se cumplen 80 años de su estreno en un teatro de Nueva York, el Radio City Music Hall, así que a modo de humilde homenaje, publicamos esta entrada que esperamos sea de vuestro agrado.

Los fotogramas extraídos de la película no pueden competir con a la calidad ofrecida por las cámaras actuales, pero en este caso, me quedo con la marca y la magia de ese grano que contamina la imagen en forma de textura arenosa. Es algo parecido a los “clicls y pops” de una aguja de diamante surfeando los microsurcos de un vinilo frente a la pulcritud del archivo digital. Supongo que cada formato tiene su momento pero el disco de plástico, tiene un “sabor especial» similar al que inspira en mí esta textura.

Soy consciente de que King-Kong (1933),  es una cinta capaz de atraparte hasta el infinito si la has visto durante tu infancia. En ese sentido, me daría por satisfecho si al ver el pantallazo del título te has emocionado vía flashback, (como hice yo).  Si por el contrario, eres un témpano de hielo y ni siquiera has pestañeado… intentaré sacarle partido a este post desde otro punto de vista…

El Empire State  es un rascacielos situado en la intersección de la Quinta Avenida y West 34th Street, en NYC. Fue diseñado por William F. Lamb, socio de la empresa de arquitectura Shreve, Lamb y Harmon, quienes realizaron los dibujos del edificio en tan sólo dos semanas, utilizando como base anteriores diseños, como el edificio Reynolds en Winston-Salem, Carolina del Norte y la Torre Carew de Cincinnati, Ohio.

Fue el edificio más alto del mundo desde su finalización en 1931 hasta 1972, año en que se completó la construcción de la torre norte del World Trade Center.

El edificio cuenta con 102 pisos y fue el primero del mundo en tener más de cien plantas. En 1931 su altura era de 381 metros y en 1953 fue instalada la torre de emisión y antena de 62 m, lo que le dió la altura que aún conserva de 443,2 metros. Fue designado monumento Histórico Nacional en 1986.

Su geometría obedece a una rigurosa normativa urbanística de 1916  en cuanto al aprovechamiento del suelo y alineaciones. Debido a la proliferación de numerosos rascacielos en Manhattan, los responsables municipales se vieron obligados a imponer retranqueos en las plantas más altas para favorecer el soleamiento de los niveles inferiores y de las calles colindantes.

Se trata de un edificio de estilo Art Déco americano, donde destacan los ornamentos de bronce y metales dorados en combinación con el mármol italiano de paredes y techos, y el mármol negro de Markina (Bizkaia), de intenso tono y alto brillo, que recubre el suelo del lobby.

Lo más artístico se corresponde con la reciente restauración, (por valor de 12,5 millones de $), de los brillantes murales Art Déco que  lucen en el techo del vestíbulo. Los murales originales fueron obra del artista Leif Neandross. Se echaron a perder a consecuencia de la iluminación mediante lámparas fluorescentes y fueron recubiertos con paneles de plástico blancos en la década de los 60. Toda una aberración contra el patrimonio arquitectónico, pero bueno…resulta gratificante verlo de nuevo con su aspecto primitivo.

En cuanto a los motivos circulares grafiados en los murales, representan el sistema solar simulando los engranajes de la maquinaria de un reloj. Así mismo, y según se puede leer en la hemeroteca del New York Times, también existe una metáfora respecto a las ruedas de un vehículo, ya que en los años 30, era la máquina deseada por todos.

Por aquel entonces, el país estaba sumido en plena crisis económica tras el crack del 29, y la escasa actividad empresarial derivada de la situación,  hizo que tan sólo el 25% de las oficinas fuesen alquiladas.

A día de hoy, aloja aproximadamente a 1000 empresas en las que desarrollan su actividad más de 21000 empleados. Tal es su importancia que tiene un código postal exclusivo, el 10118.

La crisis también afectó a la producción cinematográfica. En teoría, el rodaje de King-Kong (1933), requería un presupuesto desorbitado; escenarios exóticos, interactuación con animales, criaturas prehistóricas  animadas, etc..

Inicialmente, el proyecto fue desestimado por la Paramount por escasez de fondos, pero la motivación del codirector Merian Cooper, que había estudiado el comportamiento de los primates durante el rodaje de “Las cuatro plumas” en África, desembocó en una propuesta anti-crisis que consiguió el respaldo de la RKO.

La receta mágica no fue otra que  emplear maquetas y decorados utilizados ya en otras películas. Por ejemplo, el set de la Isla de las Calaveras fué anteriormente escenario de películas como «El Ave del paraíso» 1932 y «El malvado Zaroff» 1932. Así mismo, la murralla y la puerta de la isla, formaron parte del decorado de la película muda «Rey de Reyes» 1927, que reproducía parte del templo de Jerusalen. Finalmente, dicha puerta se reutilizó de nuevo para rodar la escena del incendio en «Lo que el viento se llevó» 1939.

Por otro lado, gran parte del éxito de la cinta se debió al buen hacer del maestro del stop-motion Willis O’Brien, que tenía gran experiencia en animación tras su labor en la inacabada «Creation» 1931. Una especie de «Jurassic Park» de los años 30 que cayó en saco roto por falta de financiación.

El stopmotion es una técnica de animación que consiste en dar vida a un objeto inanimado mediante la filmación del movimiento fotograma a fotograma. Los objetos se mueven en pequeños intervalos fotografiados individualmente, creando la ilusión de movimiento cuando se reproduce la serie de frames como una secuencia continua.

Para los planos medios y largos, se utilizó un muñeco de cera de apenas 45 cm de altura revestido de piel de conejo. Para los planos cortos, se fabricó un busto mecanizado a tamaño real, pero en este caso, revestido de piel de oso.

Las escenas de lucha entre bestias que compartían encuadre con personajes tenían doble dificultad. Aquí Kong metiendo un gancho de derecha a un T. Rex ante la horrorizada mirada de Fay Wray,  (escondida bajo el tronco), en un lance de una pelea extremadamente humanizada en cuanto a movimientos, más propios de un cuadrilátero de boxeo , que de un proceso de selección natural entre especies, y es que  O’Brien fue pújil profesional y tras ganar sus primeras nueve peleas, se retiró tras un desafortunado décimo combate.

Este efecto se consigue mediante una técnica de retroproyección, de manera que los personajes actúan sobre una pantalla que reproduce una secuencia previamente grabada.

El contacto de King Kong con la civilización es fatal. La lectura de la película, historia de amor a parte, describe a una raza humana salvaje frente a una fiera capaz de sentir. Abandona su hábitat en contra de su voluntad y momentáneamente, deja de ser un gorila gigante para convertirse en un monito de feria a través de un ejercicio de puro marketing al ser anunciado como la octava maravilla del mundo.

Antes de que King Kong pudiera trepar por la fachada del Empire State, (sent.fig), miles  de obreros tuvieron que trabajar duro para levantarlo en un tiempo record; un año y 45 días. Cientos de indios Mohawk, fueron contratados para levantar la estructura debido a una peculiar alteración genética que les hacía inmunes al vértigo. Para muestra un botón…lo mismo dan buena cuenta de su almuerzo que se echan una siesta sobre una doble IPN a 200 metros de altura.

Como referencia y tributo a los indios Mohawk me parece interesante, pero en contra de la creencia extendida de que estas fotos pertenecen a la construcción del Empire State, se trata de la estructura del RCA Building, que forma el cuerpo central del Rockerfeller Center. En la web hay múltiples contradicciones a cerca de estas fotos, así que vamos a intentar salir de dudas utilizando la herramienta «bird eye» ó visión a 45º de Bing maps.

La comparativa no es facil… Entre la foto del RCA Building disparada el 1 de septiembre de 1933 y la vista de satélite de Manhattan han pasado casi 80 años y teniendo en cuenta la facilidad de los americanos para demoler edificios de 40 plantas para levantar otros de 95, el skyline apenas nos ofrece coincidencias, sin embargo, se pueden apreciar varias referencias que confirman la versión oficial.

Las instantaneas fueron tomadas por el fotógrafo Charles Ebbets, (al que también considero un tipo valiente). Aquí le tenéis un día de sesión fotográfica. Al fondo de la imagen entre la densa niebla, el Empire State.

En cuanto a la  sección constructiva, el cerramiento de fachada se resuelve mediante franjas verticales rigidizadas con montantes de acero inoxidable, en las que se alternan paños ciegos de piedra caliza, con aberturas en fachada resueltas mediante la instalación de las carpinterías y paneles de aluminio mas un trasdosado interior.

Las ventanas se muestran enrasadas con la hoja exterior de la fachada y estas en concreto, presumen de ornamentos art déco. Por otro lado, los numerosos quiebros de fachada para satisfacer los retranqueos impuestos, hacían inviable la instalación de los sistemas colgantes para limpieza y mantenimiento que conocemos hoy en día.  Además si os fijáis, las ventanas  son correderas de accionamiento vertical, es decir, de guillotina, lo que hace imposible la limpieza del exterior de la hoja practicable.

El edificio tiene 102 plantas, de las cuales 85 son de uso comercial y de oficina, la planta 86 es un mirador y las 16 restantes constituyen la “aguja” art déco característica del edificio, que está coronada por otro mirador en la planta 102. Encima de la aguja se instaló la antena de emisión de radio y televisión,  y un pararrayos que en la actualidad absorbe una media de 100 impactos al año, así que por seguridad, los días de tormenta se cierran al público los miradores.

La “aguja” está reforzada por cuatro alas de aluminio en disposición diagonal, ya que en un principio, se diseño como mástil de atraque para dirigibles. Mediante una pasarela se pretendía conectar la aeronave con la planta 102, y se proyectó un ascensor hasta la planta 86 donde estaría ubicada la aduana.

Una idea del todo descabellada teniendo en cuenta que  los vientos que azotan la isla de Manhattan  a 400 m de altitud harían imposible una maniobra de semejante precisión. Bajo estas lineas, un dirigible de la marina de EE.UU sobrevuela la bahía de NY.

Después de un par de intentos fallidos y tras el posterior incendio durante el aterrizaje en New Jersey del dirigible alemán “Hindenburg” en 1937, se desestimó la idea. Lo que en principio se consideró como una aeronave elitista, exclusiva y glamurosa, se convirtió en un medio de transporte poco práctico y peligroso.

Precisamente en este fotograma, Kong mantiene el equilibrio agarrándose al anclaje para aeronaves con el Chrysler Building en segundo plano,  y al fondo el puente de Queensboro y el distrito de Queens, que cuatro décadas después vería crecer a los Ramones .

De esta manera, llegamos a la escena más sonada de la película. King Kong se mete en un “callejón sin salida” a 381 metros de altura totalmente ajeno a lo que está por llegar…Creo que no merece la pena adornar de manera innecesaria el desenlace final… son imágenes que han quedado grabadas indefinidamente en nuestra memoria…

De todos modos os animo no sólo a que veáis la película de nuevo, sino que también la «escuchéis», ya que fué la primera producción cinematográfica para la que se compuso una banda sonora Ad hoc.

Los aviadores que disparan a King Kong en plano corto son Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, directores de la película. No en vano, Cooper había sido piloto de un bombardero durante la Primera Guerra Mundial y se manejaba bien a los mandos de semejante chatarra voladora. En el asiento del copiloto, Ernest B. Schoedsack, vaciando cargador de tambor con la estola al viento en una bien lograda maniobra de aproximación en picado.

Resulta paradójico, que los creadores de King Kong, fuesen los encargados de acabar definitivamente con él. Con la cara de buenos que tienen aquí los dos vestidos de domingo…

La historia de King Kong llega a su fin como también lo hace este post. Si habéis llegado a leer hasta aquí, os agradezco de corazón el tiempo invertido y os emplazo a la próxima entrega, que ya os adelanto… va a ser más colorista y de formas más orgánicas.

Un abrazo…

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