La arquitectura de la Casa Fuelle responde a las características propias de la región. La planta baja está construida en piedra, un material abundante y resistente que proporciona solidez y aislamiento. En cambio, la planta superior está realizada con entramado de madera, una técnica habitual en la época que permitía aligerar la carga sobre los muros inferiores y facilitar la construcción de voladizos. Esta parte superior solía destinarse a las dependencias familiares, como dormitorios y cocina, mientras que la planta baja se utilizaba para usos más funcionales, como almacén o establo. En la parte trasera del edificio se conserva un horno semicircular, otro elemento tradicional que refuerza el carácter histórico de la vivienda.
Villasana es la localidad más poblada y de mayor tamaño del Valle de Mena, situada en el norte de la provincia de Burgos. Su importancia histórica es notable, ya que fue reconocida como Villa por el rey Alfonso VIII en el siglo XI. Esta distinción se debió a su papel estratégico durante la Edad Media, al ser un paso natural entre el norte peninsular y la meseta castellana, además de formar parte de la ruta hacia Santiago de Compostela. Esta relevancia histórica ha dejado una huella visible en su trazado urbano y en la conservación de numerosos edificios de valor patrimonial.
El conjunto histórico de Villasana conserva construcciones que van desde el siglo XIV hasta el XVIII, que reflejan la evolución arquitectónica del lugar. Las calles principales, como la calle El Medio, La Encimera y La Bajera, conforman el núcleo urbano tradicional. Entre los edificios más destacados se encuentran el convento de Santa Ana, la Torre de los Velasco, el Palacio de Sancho Ortiz de Matienzo —un magnífico ejemplo de arquitectura mudéjar de finales del siglo XV— y, por supuesto, la Casa Fuelle, que forma parte esencial del paisaje urbano y cultural de la villa.