La vivienda se asienta sobre una parcela de 618 m², con una superficie construida de 195 m² distribuidos en dos plantas. La orientación ha sido cuidadosamente estudiada para maximizar la entrada de luz natural y las vistas panorámicas al paisaje circundante. La geometría del edificio, aparentemente sencilla, se ve enriquecida por un giro en el volumen de la cocina, que no solo aporta dinamismo al conjunto, sino que permite generar una terraza privada en la habitación principal, creando un espacio íntimo y privilegiado.
El acceso a la vivienda se resuelve con limpieza formal y rotundidad espacial. La esquina del volumen se vacía para dar lugar a una entrada acogedora, definida por líneas puras y materiales nobles. El diseño exterior se caracteriza por sus acabados blancos, que reflejan la luz mediterránea y aportan frescura, y por grandes ventanales verticales y horizontales que establecen una conexión fluida entre el interior y el exterior. Esta transparencia arquitectónica permite que la vivienda respire, se abra al paisaje y se transforme con la luz a lo largo del día.
Uno de los grandes aciertos del proyecto es su integración con el entorno natural. La planta inferior se abre a un espacio exterior concebido como una extensión del hogar: una zona de descanso equipada con mobiliario contemporáneo, una piscina de líneas rectas que refleja el cielo y una vegetación discreta y autóctona que enmarca la vivienda sin competir con ella.
La arquitectura de Cala Llonga 387 apuesta por la claridad formal y la ausencia de ornamentos superfluos. Se trata de una propuesta minimalista y contemporánea, donde cada línea tiene intención y cada espacio responde a una necesidad concreta. La fachada blanca, pura y sin artificios, actúa como un lienzo que cambia con la luz, reflejando los tonos del cielo. En el interior, los grandes ventanales y las puertas correderas de cristal permiten que los espacios se fundan con el exterior, generando una experiencia de vida abierta, luminosa y profundamente conectada con el entorno natural.