El estudio Angulo Arquitectura asumió el proyecto con una premisa clara desde el inicio: conservar las virtudes del diseño original y potenciarlas. La intervención abarcó la fachada, los espacios interiores y el entorno paisajístico, dando lugar a una nueva identidad que no renuncia a su esencia. El resultado es una vivienda contemporánea, cálida y profundamente conectada con su contexto físico y emocional.
Uno de los elementos más distintivos es la nueva piel de cemento-madera, que aporta textura, profundidad y una personalidad única. Este acabado logra un equilibrio entre lo industrial y lo natural, generando una estética sobria, sofisticada y atemporal. Los huecos en la fachada fueron rediseñados para ganar protagonismo: ventanas profundas que enmarcan el paisaje como si fueran cuadros vivos, convirtiendo cada vista en una postal que cambia con las estaciones.
El paisajismo desempeña un papel fundamental en el proyecto. La vegetación ha sido cuidadosamente seleccionada para complementar la arquitectura sin competir con ella. Se ha trabajado con una paleta de materiales limitada, lo que permite una armonía visual entre la vivienda y la parcela. El jardín no es un añadido decorativo, sino una extensión viva del diseño arquitectónico: acompaña, realza y conecta la casa con su entorno natural.
Además, se ha prestado especial atención a la iluminación natural, que baña los espacios interiores y potencia la sensación de amplitud y serenidad. La distribución interior favorece la fluidez, con zonas abiertas que permiten una convivencia dinámica y flexible. Cada detalle, desde los materiales hasta la orientación de los espacios, ha sido cuidadosamente estudiado para ofrecer confort, belleza y funcionalidad.