La vivienda se sitúa sobre una parcela elevada de 750 m², con una superficie construida de 250 m², aprovechando al máximo las condiciones topográficas y paisajísticas del entorno. El diseño parte de una premisa esencial: orientar el mayor número de estancias hacia el mar Cantábrico, estableciendo un eje visual continuo entre el litoral y el paisaje interior.
La solución formal se materializa mediante dos grandes volúmenes rectangulares de sección tubular, dispuestos longitudinalmente y apoyados sobre una base ligera. Esta configuración no solo libera el plano de suelo, reduciendo el impacto visual sobre el terreno, sino que también genera una sensación de ligereza estructural que se mimetiza con el entorno. Las fachadas norte y sur se abren generosamente al paisaje, mientras que las orientaciones este y oeste se reservan para funciones más privadas, como baños y zonas de servicio, con aberturas más discretas que no interrumpen el eje visual principal.
Al entrar, lo primero que llama la atención son los espacios a doble altura, que aportan volumen, amplitud y una sensación de libertad. Las estancias principales se orientan al norte, hacia el mar, y al sur, hacia los campos verdes y los bosques que rodean Plentzia.
Cada ventana se convierte en un cuadro natural, cada estancia en un refugio con vistas. La vivienda se convierte así en una experiencia sensorial, donde el paisaje entra y se convierte en parte del hogar.
La envolvente se compone de materiales de alta durabilidad y bajo mantenimiento, como el hormigón visto, carpinterías metálicas y vidrio de control solar. Esta elección responde a criterios de integración paisajística, resistencia a la exposición marina y eficiencia energética. El resultado es una arquitectura sobria, elegante y profundamente conectada con su entorno.
Este proyecto es un ejemplo de arquitectura contemporánea en Vizcaya, donde el diseño no solo responde a criterios funcionales, sino también emocionales. La vivienda en Barrika representa una forma de vivir en armonía con el paisaje, sin renunciar a la innovación ni a la belleza. Es una casa que no impone, sino que dialoga con el lugar; que no se esconde, pero tampoco grita. Una obra que, como el mar que la rodea, fluye con naturalidad y fuerza.