Una casa diseñada para mirar al mar
La vivienda se asienta sobre una parcela elevada de 750 m² y cuenta con una superficie construida de 250 m². Desde el inicio, el diseño se plantea para orientar las principales estancias hacia el mar Cantábrico, permitiendo que las vistas y la luz natural sean protagonistas en todos los espacios.
La casa se organiza mediante dos volúmenes longitudinales que se adaptan al terreno y generan una imagen arquitectónica limpia, ligera y perfectamente integrada en el paisaje costero.
Gracias a esta disposición, las fachadas principales se abren ampliamente hacia el norte y el sur, aprovechando tanto las vistas al mar como la relación con el paisaje interior formado por campos, bosques y espacios naturales del entorno de Barrika y Plentzia.
Espacios abiertos, luz natural y amplitud
Al acceder al interior, los espacios a doble altura aportan una gran sensación de amplitud y luminosidad. La vivienda se concibe como una sucesión de espacios conectados visualmente con el exterior, donde cada estancia disfruta de vistas privilegiadas y de una estrecha relación con el paisaje.
Los grandes ventanales convierten el entorno en parte de la arquitectura. El mar, el cielo y la vegetación cambian constantemente a lo largo del día, transformando la experiencia de los espacios interiores y reforzando la sensación de vivir en contacto directo con la naturaleza.