La rehabilitación comenzó con una exhaustiva restauración de las fachadas y la estructura interna, poniendo especial atención en elementos como los forjados y la cubierta. Desde Angulo arquitectura, se valoraron las cualidades geométricas y compositivas originales, buscando mantener y realzar la singularidad plástica de los materiales existentes. Se priorizó la textura y el carácter histórico que estos materiales conferían al conjunto arquitectónico, respetando así la esencia del palacio.
Entre las modificaciones más significativas, el lucernario central ocupa un lugar destacado. Originalmente concebido para permitir la entrada de luz natural, este elemento fue transformado en un lucernario practicable durante la reforma. Esta intervención no solo maximiza la iluminación natural de los espacios interiores, sino que también ofrece a los visitantes espectaculares vistas del mar Cantábrico. Desde este punto, la isla de Izaro emerge como un foco visual de gran belleza, añadiendo un valor único a la experiencia de los huéspedes.
El diseño del hotel fue concebido para ordenar las habitaciones, el restaurante, el lobby-bar y otras estancias alrededor de un patio central, iluminado por el lucernario. Este espacio central no solo mejora la distribución funcional del edificio, sino que también genera una atmósfera cálida y acogedora, ideal para los huéspedes. La conexión entre el interior y el exterior, reforzada por la iluminación natural, enriquece la experiencia de quienes visitan el hotel.
Además, los elementos originales del palacio se complementaron con detalles modernos y sutiles que armonizan con la arquitectura histórica, creando un equilibrio entre tradición y contemporaneidad, combinando funcionalidad, historia y belleza en un entorno único.